Encuentra al asesino: Un reto de lógica, misterio y deducción. Investiga el crimen, sigue las pistas y descubre al culpable (Libros de deducción y puzle de casos criminales) (Spanish Edition) by Javier Asensi | barcode:9798184692296 | source:'9798184692296.jpg

Encuentra al asesino: Un reto de lógica, misterio y deducción. Investiga el crimen, sigue las pistas y descubre al culpable (Libros de deducción y puzle de casos criminales) (Spanish Edition) by Javier Asensi

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Encuentra al asesino: Un reto de lógica, misterio y deducción. Investiga el crimen, sigue las pistas y descubre al culpable (Libros de deducción y puzle de casos criminales) (Spanish Edition) by Javier Asensi | barcode:9798184692296 | source:'9798184692296.jpg
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Encuentra al asesino: Un reto de lógica, misterio y deducción. Investiga el crimen, sigue las pistas y descubre al culpable (Libros de deducción y puzle de casos criminales) (Spanish Edition) by Javier Asensi

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ISBN: 9798184692296

Este libro plantea una investigación criminal en forma de reto lógico. Entre 48.999 sospechosos se oculta una única persona culpable, y la única forma de encontrarla es aplicar correctamente las pistas disponibles. No se trata de adivinar, ni de buscar trampas, ni de interpretar dobles sentidos. Cada pista permite descartar nombres hasta reducir la lista a una sola posibilidad. El caso está diseñado para resolverse con calma, observación y método. Puedes avanzar poco a poco, tachando sospechosos, revisando condiciones y comprobando cada descarte. Al final, si has seguido bien las pistas, solo quedará un nombre. Ese será el asesino. Aquella noche, Madrid vibraba con una intensidad poco recomendable para las estructuras antiguas y los tímpanos con apego a la vida. El estadio estaba lleno hasta el último pasillo para ver a Liebre Mala, el fenómeno urbano del momento: un grupo capaz de llenar recintos enteros, vender camisetas carísimas y conseguir que miles de personas cantaran a gritos frases que, leídas en silencio, quizá habrían requerido asistencia psicológica. Al frente estaba Bonifacio, estrella absoluta del espectáculo. Una mezcla de cantante, marca comercial y emergencia acústica con gafas de sol. Su público lo adoraba. Sus críticos lo estudiaban con resignación, como quien observa una plaga bíblica pero con coreografía. El concierto avanzaba con normalidad: luces imposibles, humo escénico, bajos capaces de mover órganos internos y una multitud entregada a esa forma moderna de comunión colectiva que consiste en grabarlo todo con el móvil para verlo peor al día siguiente. Durante uno de los descansos, Bonifacio se retiró unos minutos tras el escenario. Allí bebió de una botella que, según varios testigos, alguien había dejado preparada. Nadie sospechó nada. En el mundo del espectáculo, una bebida de color dudoso no es necesariamente una amenaza; a veces es simplemente parte del contrato. Bonifacio volvió al escenario, sonrió, levantó el micrófono y apenas llegó al siguiente estribillo. Primero se tambaleó. Luego perdió el ritmo. El público pensó que era una nueva coreografía, porque la frontera entre bailar y sufrir un colapso no siempre está clara cuando hay luces estroboscópicas. Pero cuando cayó de rodillas y empezó a hablar con una voz rota, el estadio comprendió que aquello no era parte del espectáculo. O al menos no de uno previsto. Había sido envenenado. Tu misión como detective es analizar el archivo completo. Cada nombre pertenece a una zona del estadio. Las zonas solo sirven para ordenar el caos; no son pistas por sí mismas. Lo importante está en las dieciocho declaraciones finales de Bonifacio. Deberás aplicarlas una por una, descartando todos los nombres que no puedan ser el asesino. Si una pista elimina a alguien, táchalo. Si una pista depende de las anteriores, no te adelantes. Primero reduce la lista, luego aplica la condición. La intuición puede ayudar, pero aquí manda la lógica. Y la lógica, a diferencia de algunos estribillos, no perdona demasiado. Al final solo debe quedar un nombre. Ese será el asesino. Puede parecer un trabajo enorme. Lo es. Pero alguien tiene que hacerlo, y la policía está demasiado ocupada explicando a 48.999 personas por qué no pueden irse a casa todavía. Así que afila el lápiz, prepara la paciencia y empieza a descartar. Bonifacio no logró terminar su última canción, pero dejó algo bastante más útil que un bis: un rastro. Y si sigues bien las pistas, ese rastro terminará señalando a una sola persona. Read more

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